El 82,5% de los fallecidos en incendios muere por inhalación, no por quemaduras. ¿Está tu empresa realmente preparada? Descubre cómo gestionar emergencias de forma efectiva.
Hay un malentendido muy extendido sobre los incendios: la gente cree que el peligro son las quemaduras. Los datos lo desmienten con claridad. En España, durante 2024, se registraron más de 133.000 siniestros relacionados con incendios y explosiones. De las 234 personas que perdieron la vida, más de ocho de cada diez fallecieron por intoxicación al inhalar humos y gases tóxicos, no por el contacto directo con el fuego.
Eso cambia completamente cómo hay que pensar la prevención y la respuesta ante emergencias. No se trata solo de aprender a manejar un extintor. Se trata de entender qué ocurre en los primeros minutos, por qué el humo es letal mucho antes de que lleguen las llamas, y cómo debe reaccionar una persona —cualquier persona del equipo, no solo el coordinador de emergencias— cuando la situación se complica.
¿Tiene tu empresa esa formación? ¿O tiene, simplemente, un plan de emergencia en un cajón?
Incendios: los primeros segundos lo cambian todo
Cuando se detecta un incendio, el margen de error es mínimo. Las reacciones instintivas —correr, buscar las pertenencias, usar el ascensor— pueden costar la vida. La formación no existe para que la gente se convierta en bombero; existe para que no cometa esos errores en el momento de pánico.
Hay decisiones concretas que marcan la diferencia: saber leer la señalización de evacuación, conocer la ubicación de los extintores, saber distinguir entre un extintor de CO₂ y uno de polvo y cuándo usar cada uno. Un extintor de CO₂ es el indicado para fuegos eléctricos; usarlo en un fuego de materiales sólidos puede ser ineficaz. Estos detalles no son triviales.
También importa conocer el funcionamiento de las bocas de incendio equipadas (BIE), que en muchos edificios industriales y comerciales son el primer recurso disponible antes de que lleguen los bomberos. Son más potentes que un extintor, pero requieren práctica para usarlas bien bajo presión.
Y sobre el humo: si hay humo en un pasillo, hay que desplazarse a ras del suelo. La temperatura y la concentración de gases tóxicos son significativamente menores cerca del suelo. Un dato que mucha gente conoce en teoría pero olvida en la práctica porque nunca lo ha ensayado.
Parada cardíaca, intoxicación, pérdida de consciencia: más comunes de lo que pensamos
Las emergencias en el entorno laboral no se limitan a los incendios. Una parada cardíaca puede ocurrir en cualquier oficina, nave o almacén. Un trabajador puede sufrir una intoxicación por productos químicos en un entorno industrial. Alguien puede desvanecerse por un golpe de calor en verano o por una lipotimia durante una reunión.
La ventana de actuación en una parada cardíaca es estrecha: por cada minuto sin reanimación cardiopulmonar (RCP), las probabilidades de supervivencia disminuyen entre un 7% y un 10%. Si hay un desfibrilador semiautomático (DESA) disponible y alguien sabe usarlo, esa cifra cambia radicalmente. Muchos edificios ya disponen de DESA, pero el equipo no sabe usarlo porque nadie les ha formado.
En intoxicaciones, la actuación correcta depende del agente implicado. No es lo mismo una intoxicación por inhalación que por contacto o ingestión. Movilizar a alguien que ha inhalado un gas tóxico sin protección propia puede convertir a quien ayuda en una segunda víctima. Estas situaciones requieren protocolos claros, no improvisación.
Aquí está el problema de fondo. Muchas empresas cumplen con los requisitos legales de formación en prevención de riesgos laborales: hacen el curso, guardan el certificado, y siguen adelante. Pero la formación entendida como trámite no prepara a nadie para actuar bajo presión.
La diferencia entre una formación que funciona y una que no está en la metodología. El aprendizaje activo —simulaciones, prácticas con extintores reales, ensayos de RCP sobre maniquís, escenarios de evacuación— genera memoria muscular y reduce el bloqueo en situaciones de crisis. No es lo mismo haber visto un vídeo que haber practicado.
Los recursos interactivos, las infografías con escenarios reales, los test de autoevaluación y los materiales audiovisuales de calidad son herramientas complementarias útiles para reforzar el aprendizaje. Pero no sustituyen al ejercicio práctico ni al acompañamiento de un profesional experto en seguridad y salud.
La frecuencia también importa. Una formación anual o bienal es insuficiente si hay rotación de personal, si cambian las instalaciones o si se incorporan nuevos equipos de trabajo. El plan de emergencias y la formación asociada deben revisarse con regularidad.
Una organización que gestiona bien sus emergencias no improvisa. Ha trabajado de antemano en varios frentes que, a menudo, se descuidan:
Plan de autoprotección actualizado. No el documento del año de su creación, sino uno revisado, conocido por los trabajadores y coherente con la configuración actual del espacio.
Equipos de emergencia formados. Personas designadas con funciones claras: quién coordina la evacuación, quién da la alarma, quién actúa como primer interviniente ante una emergencia sanitaria. No puede ser todo el mundo ni puede ser nadie en particular.
Medios materiales en buen estado. Extintores revisados, señalización visible y correcta, DESA operativo y accesible, vías de evacuación libres de obstáculos. Parece básico, pero las inspecciones revelan fallos recurrentes en estos puntos.
Simulacros reales. No los simulacros que todo el mundo sabe que son simulacros y que acaban convirtiéndose en un paseo hasta la calle. Ejercicios con cierto nivel de incertidumbre que obliguen a tomar decisiones, detectar fallos en el protocolo y corregirlos antes de que sean reales.
Formación continua y adaptada. No el mismo contenido para todos los perfiles. Un trabajador de almacén y uno de oficina tienen riesgos distintos y necesitan formación diferente.
Desde INTEDYA trabajamos con organizaciones de todos los sectores para implementar sistemas de gestión de la salud y seguridad que van más allá del cumplimiento normativo. La gestión de emergencias es una pieza dentro de un enfoque más amplio que incluye la identificación de riesgos, la cultura preventiva y la mejora continua.
Si quieres evaluar el nivel de preparación de tu organización ante situaciones de emergencia, o revisar si tu formación actual realmente prepara a tu equipo, podemos ayudarte.
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