La norma JFS-C v3.2 ya está reconocida por GFSI bajo los requisitos 2024. Descubre qué categorías cubre, qué ventajas ofrece a fabricantes y cómo afecta a tu cadena de suministro global.
Cuando la GFSI —la Iniciativa Global de Seguridad Alimentaria, respaldada por las principales cadenas de distribución y fabricantes de consumo del mundo— da su reconocimiento a un esquema de certificación, no está firmando un simple aval de cortesía. Está diciendo que ese esquema ha superado un proceso técnico exigente, auditado paso a paso, que garantiza que los criterios de seguridad alimentaria que contiene son equivalentes a los de otros estándares ya reconocidos, como BRC, IFS o SQF.
Eso tiene una consecuencia práctica muy directa: un proveedor certificado bajo ese esquema puede presentar su certificado a un cliente que exige GFSI y este lo aceptará. Sin auditorías adicionales, sin cuestionarios paralelos, sin fricciones en la cadena de suministro.
Pues bien, la norma JFS-C, desarrollada por la Asociación Japonesa para la Gestión de la Seguridad Alimentaria (JFSM), acaba de lograr ese reconocimiento en su versión 3.2, bajo los Requisitos de Evaluación Comparativa de GFSI en su versión más reciente, la de 2024. Las auditorías bajo esta versión arrancaron en octubre de 2025.
El reconocimiento no es genérico. La GFSI evalúa cada esquema por categorías de actividad, y JFS-C ha obtenido el reconocimiento en cinco de ellas:
Esto cubre una parte muy amplia de la industria alimentaria: desde una planta de procesado cárnico hasta una empresa que fabrica fermentos o aditivos de origen biológico. No es un reconocimiento de nicho.
Desde el punto de vista técnico, JFS-C integra todos los requisitos de ISO 22000, los principios HACCP del Codex Alimentarius y opera bajo acreditación ISO/IEC 17021. No es una norma alternativa a ISO 22000: es compatible, construida sobre las mismas bases y ampliada con los criterios específicos que GFSI exige a cualquier esquema de certificación de tercera parte.
Un sistema modular pensado para crecer con la empresa
Lo que hace diferente a JFS dentro del panorama de certificaciones es su enfoque progresivo. JFSM diseñó un sistema de cuatro niveles —JFS-A, JFS-B, JFS-B Plus y JFS-C— pensado para que una empresa pueda comenzar desde los fundamentos básicos de higiene y avanzar gradualmente hasta la certificación internacional plena.
Esto tiene mucho sentido para empresas medianas o para proveedores de segundo nivel que hoy no tienen certificación alguna y quieren entrar en cadenas de suministro internacionales sin enfrentarse de entrada a la exigencia completa de BRC o IFS. El camino existe. Es estructurado. Y ahora el nivel más alto de esa escalera tiene reconocimiento GFSI.
Actualmente, JFSM cuenta con más de 130 certificaciones JFS-C reconocidas por GFSI, principalmente en Japón y Tailandia. El número es pequeño comparado con otros esquemas consolidados, pero la tendencia es de crecimiento y el reconocimiento 2024 abre la puerta a nuevos mercados y nuevos organismos de certificación.
Hay una pregunta legítima que cualquier directivo de una empresa alimentaria europea o latinoamericana puede hacerse: ¿me afecta esto si no opero en Japón?
La respuesta es sí, por dos vías.
La primera es la de la competencia. Las empresas japonesas y del sudeste asiático certificadas bajo JFS-C van a poder competir en los mismos mercados que las certificadas bajo BRC o IFS, sin necesidad de obtener una segunda certificación. Eso cambia el mapa competitivo en sectores como el de los ingredientes alimentarios, los aditivos o los productos procesados con exportación a Europa y Norteamérica.
La segunda vía es la de la oportunidad. Si tu empresa ya tiene ISO 22000 o está pensando en una certificación GFSI y valora un esquema con raíces técnicas sólidas, compatible con el estándar ISO y con una filosofía de implementación progresiva, JFS-C es ahora una opción real que merece evaluarse. No existe una única respuesta correcta en materia de qué certificación elegir: depende del mercado de destino, del perfil de cliente y de los recursos disponibles.
Lo que sí es cierto es que la fragmentación de esquemas GFSI —hay más de una decena reconocidos— lejos de simplificar el panorama, obliga a las empresas a tomar decisiones estratégicas bien informadas. Elegir mal puede significar tener que repetir el proceso.
Si tu empresa ya trabaja bajo algún esquema GFSI reconocido, este anuncio no altera tu situación inmediata. Pero sí conviene que tu equipo de calidad y tu consultor de referencia analicen la evolución del mercado: ¿qué esquemas están exigiendo tus clientes más importantes? ¿Hay mercados a los que quieres acceder donde JFS-C podría ser una vía más eficiente?
Si estás empezando a plantearte una certificación de seguridad alimentaria por primera vez, el momento es bueno para hacer una evaluación comparativa real. No todas las normas tienen el mismo peso en todos los mercados, y una decisión tomada sin ese análisis puede costar tiempo y dinero.
Hay algunos puntos concretos sobre los que reflexionar antes de elegir:
Compatibilidad con tu cadena de valor. ¿Qué certificación exigen tus clientes actuales o potenciales? ¿Trabajan con distribuidores o grandes cadenas que especifican un esquema concreto?
Capacidad de implementación. ¿Tu organización tiene la madurez de sistemas para afrontar una certificación completa de una vez, o necesitas un enfoque gradual?
Cobertura geográfica. Algunos esquemas tienen mayor implantación en Europa, otros en Norteamérica o Asia. La distribución de organismos de certificación acreditados importa.
Sinergias con otras normas. Si ya tienes ISO 22000, la transición o ampliación hacia JFS-C es técnicamente más fluida que hacia otros esquemas.
Desde INTEDYA acompañamos a empresas alimentarias en todo este proceso: desde el diagnóstico inicial hasta la preparación para la auditoría de certificación. No solo conocemos las normas; conocemos cómo se implementan en entornos reales, con los recursos reales que tienen las empresas.
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